MI PRIMER “TE QUIERO”

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MI PRIMER “TE QUIERO”

Las cosas eran como son siempre al principio, fáciles. Salvo ciertas excepciones o en algunos temas fuera del que nos ocupa.

En nuestro caso era fácil porque había mucha ilusión, no había problemas, ni precedentes, nos desconocíamos mutuamente, la confianza estaba intacta y un montón de cosas más.

Todos los principios en éstas cosas suelen ser fáciles, puesto que no vemos lo pesadas que son las mochilas del otro. No vemos los defectos del otro, si es que los tiene, porque durante un periodo más o menos largo vemos a la persona elegida como perfecta, no nos pesan las cosas que pueda hacer mal, ni vemos sus cosas malas ni las de su entorno, como si somos presuntuosos no veremos los nuestros.

Nuestras primeras semanas fueron muy tiernas y dulces, apasionadas y de irnos descubriendo poco a poco y a la vez muy deprisa, como todas las parejas de nuestra edad que ya han pasado por la experiencia de estar casados, pues ya no era una relación de esas de los quince años, ni los veinte.

Nos veíamos cuándo podíamos, todo el tiempo que nuestros quehaceres nos lo permitían y dónde se podía.

Un día de fin de semana surgió que él viniera a comer a mi casa, yo tenía unas ganas locas de que viniera y que conociera mi pequeño paraíso, mi lugar sagrado, mi hogar.

Incluso hice algunas compras para que en mi casa todo le pareciera más atractivo y hogareño, más bonito, o eso creía yo. Invertí tanto como pude en que aquella primera impresión fuera buena, pues no tienes una segunda oportunidad de causar una primera impresión.

Mientras cocinaba se ofreció a ayudar con detalles de la preparación y eso me satisfizo mucho, incluso se interesó por mi ordenador que estaba en un pequeño apartado del salón y me estaba dando algunos problemas.

Compré lo que estaba a mi alcance economicamente para ofrecerle un buen menú, y de lo nerviosa que estaba le eché sal tres veces, aún así él se lo comió sin rechistar cuando por fin atiné a poner las viandas en la mesa, asumo que más por quedar bien que por que estuviera bueno aunque por dentro pensara lo que fuera.

Lo encendió y me preguntó cuál era la clave de acceso se la dije e intentó teclearla varias veces pero la debía poner mal y no conseguía desbloquearlo.

Era un chico bromista y con un humor sencillo, mientras que el mío es humor negro, británico y socarrón que en muchas ocasiones me ha traído problemas me dijo que el ordenador no le quería

Me acerqué observándole y a cada paso le veía más impresionante, más guapo, y le dije que yo sí le quería, en ese momento me quedé clavada en medio de mi salón, bloqueada, sin saber si seguir avanzando hacia ese hombre perfecto para mí o retroceder y esconderme entre los fogones, le miré de frente, básicamente porque no sé hacer otra cosa y me hundí en su mirada clara que supo que había desnudado mi alma en aquella frase casual, “yo sí te quiero”, joder qué imbécil decía mi pequeño yo en todo mi ser, y opté por hacer ambas cosas, avancé hasta él para teclear la clave maldita del ordenador culpable de mi confesión y corrí a refugiarme entre los fogones donde supuestamente no debía verme.

Pero era tarde.

Su sonrisa delató que me había pillado y se acercó hasta los fogones, a la caza de la presa huida y cazada, me agarró por detrás y me besó el cuello.

Fingimos una comida no salada educadamente para subir a la habitación de matrimonio para dar rienda suelta a nuestra segunda vez, un poco menos torpe, un poco más ágil, más ávida, con más entrega y muchos más sentimientos, al menos por mi parte.

No sé si los tamaños van por barrios pero yo no había visto muchas vergas de ése porte, y estaba encantada de tenerla, de hecho había pedido una así al universo y que no se cansara, que tuviera tensión, que él supiera usarla y que durase y allí estaba…

Y para colmo detrás estaba aquel tipo. Simplemente precioso, guapo, especial, con aquellos ojos, y ese culazo, era perfecto.

Era muy brusco, nadie me había mordido así, nadie me había succionado con tanta fuerza haciendo que la delgada línea entre el placer y el dolor se desdibujara hasta convertirse en casi invisible entre la bruma de los orgasmos.

Nadie me había abierto en canal como ese hombre mientras me sonreía dispárandome al corazón con esos ojos claros que me desarmaban.

La primera vez

La primera vez

LA PRIMERA VEZ

Nuestra vida sexual no era nada casual.

Casual fue la forma de conocernos, pues nos montaron una cita a ciegas y al primer vistazo nos gustamos. Quedamos en un sitio muy conocido y me gastó una broma por la espalda.

Yo siempre fui una tía muy segura de mi misma, pero la seguridad se la llevó alguien que se encargó de decirme que era fea y que mi cuerpo lo era más aún.

Sin embargo su gusto por las mujeres con tallas grandes era justo lo que yo era. Y mi gusto por su aspecto físico era lo que él era.

Tras unas cuantas citas llegó el día en que me puse mi mejores galas para que él me las quitara, si bien las dudas me revolvían como una saca llena de gusanos se revuelven en la cesta del pescador, allí yo estaba dispuesta a seguir adelante con aquel tío que me parecía imponente, guapo, alto, y con un culo como no había visto otro en mi vida, eso no lo dejaba yo pasar por más gusanos que pescadores tuvieran en el mundo entero y todos mis complejos se podían ir al pedo.

Realmente del polvo hoy no me acuerdo. Recuerdo detalles, que fue bruto, pero delicado, brusco, pero suave. Recuerdo los nervios. Así que si yo estaba nerviosa he de suponer que él lo estaría también. Recuerdo pararle en seco y decirle algo sobre mis cicatrices y él sonreír. Recuerdo ver cómo se duchaba después y pensar que jamás en mi vida había visto a nadie ser tan pulcro con su cuerpo.

Recuerdo cómo me perdí en los detalles de aquel cuerpo perfecto, tomando nota mental de sus muslos perfectos, anotando dónde tenía cada lunar, esa barriguita que tenía los abdominales escondidos y no llegaba a ser panza, esos hombros, sus manos que me gustaron desde el momento de su primera broma, los detalles son los que nos pierden a todos en general y mientras me contaba no sé qué historias sobre su casa yo no paraba de mirar aquel cuerpo esplendido sin olvidar asentir de vez en cuando, para que creyera que le estaba escuchando, pero pensando, y esperando que no notara que de hito en hito miraba aquel pene.

Y es que nunca había visto un pene como ese.

Y creedme, he visto muchos, pero que muchos penes, no diez, ni cien, ni doscientos. Quizá, y sólo quizá algunos más. Soy de ese tipo de mujer que ha cumplido todas sus fantasías, y he sido de ese tipo de chica que donde ha puesto el ojo ha puesto el clítoris.

El caso es que después de la ducha se secó, y observé sentada en el baño horriblemente decorado cómo se vestía, me acompañó a coger mi coche y me fui a mi casa, a dormir con ese tipo que por aquel entonces compartía mi casa y desgraciadamente mi cama, que no mi vida.

Antes de apagar la luz de la mesilla le dije que tenía dos días para salir de mi casa y de mi vida, creo que la sonrisa con la que entré por casa le bastó a modo de explicación.