AQUEL OLOR… MARAVILLOSOS EFLUVIOS

Maravillosos efluvios

AQUEL OLOR… MARAVILLOSOS EFLUVIOS

Cada vez que nos sumergíamos en el mundo que nos suponía el sexo entre nosotros nos quedábamos extasiados, cansados, agotados, sudorosos.

Mi forma física distaba mucho de ser la mejor que tenía hace años, pero mis piernas seguían siendo las mismas de siempre, un par de vigas capaces de darme juego aguantando las largas sesiones que él me reclamaba.

Jamás antes había disfrutado tanto, jamás antes había pasado tantas horas disfrutando de las embestidas de una verga tan grande y dura, jamás antes había tenido que pedir clemencia, pero sobre todo, jamás antes había visto a un hombre decidir el momento en el que él llegaba.

Una vez había tenido un amante que por naturaleza propia era tántrico, o lo que yo entiendo por tántrico claro, tenía orgasmos masculinos, aprendí a mantenerle en el orgasmo hasta treinta y cinco minutos, sí, treinta y cinco minutos, una vez en la bañera le mantuve en un orgasmo sostenido golpeándose la cabeza contra el reposa cabezas y mientras de hito en hito le observaba creía que podría desnucarse. Pero sobrevivió.

Otro de mis amantes me tuvo un fin de semana en las que estuvimos dieciocho horas follando, así, follando, es que no se puede explicar de otra manera; pero es que aquel buen muchacho tenía una herramienta que no era ni por asomo comparable a la del que hablo en esta ocasión, a mi protagonista, le faltaba tensión, era como la del chiste: “si quieres quitarle la autoestima a tu marido en tres palabras usa estas ¿ya esta dentro?”, pues esa era su problemática, que después de la tercera penetración con lo que yo dilato y lubrico no lo sentía.

Así que nada era comparable a él.

Que ya sé que las comparaciones son horribles, bla, bla, bla, pero esto es el mercado de la carne, y los tíos veis un escote y un culo y os giráis, y nosotras unos ojos y unos hombros y siendo más discretas pensamos en cómo sería tenerlos de frente en horizontal y haciendo flexiones encima nuestra con las piernas abiertas, no seamos cínicas, ni cínicos.

Beatas y mojigatas a la derecha y cínicos a la izquierda la puerta al blog está en el centro, ya lo siento, bien lo dice la advertencia, esto es para mayores de dieciocho y trata de lo que trata, esto no ha hecho más que empezar… mmmm, átate, que vamos a despegar. Y lo de átate es literal, bueno, que me desvío.

Pocas veces se permitía el lujo de correrse dentro de mí, aún no sé bien porqué, si era porque había visto mucho porno y le gustaba ver sus corridas, si era porque le gustaba hacerlo encima de mí, sí quizás era porque le gustaba manejar él su miembro… quizás no le gustaba mi vagina, eso empezaría a reconcomerme la cabeza después cuando caí en la cuenta de cómo jugaba con ello.

Pero hasta que me di cuenta, las veces que lo hacía, me percaté de que era un olor especial, distinto de las otras veces que me había visto en la misma situación.

La mezcla de mi flujo y su semen hacía una mezcla explosiva entre mis piernas que yo iba destilando poco a poco en mis bragas y cada vez que iba al baño hacía que recordase todo lo que había pasado y toda la intensidad de sus actos, porque él era muy intenso, follaba con hambre, me miraba como si viera por primera vez, con fiereza, me devoraba en cualquier lugar y hacía que me mojase en los sitios más insospechados, tomando un té, un vino, aún sin tocarme.

Parecía que todos los hombres con los que me había acostado, todos con los que había follado y los que me habían follado, que hay que decir que no es lo mismo follar a que te follen, hubieran sido un mero calentamiento para llegar a él, un curso de preparación, un aprendizaje, pero realmente la sabiduría me iba a llegar gracias a él.

WHITESNAKE – Is this love

 

Los personajes y caracteres aquí descritos son producto de la imaginación de la autora, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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EL BESTIARIO

EL BESTIARIO

Comer

Lamer

Chupar

Degustar

Admirar

Relamer

Mirar

Todos eran verbos aplicables a lo que siempre le había gustado hacer con un buen miembro.

Pero es que jamás había dado con uno como aquel.

Los había visto y tenido de todas las formas y longitudes, colores y tensiones como para hacer un libro, mejor un libro épico, El Bestiario de las Pollas.

Así por rememorar viejos tiempos pensó en la que tuvo muchos años y tantos problemas tenía, pobrecita, visualmente era perfecta, pero técnicamente era inútil, la media nacional dice (según ellos siempre) que mide quince centímetros, pues aquel instrumento debía medir dieciocho, era recto y de tensión fácil e incondicional hasta el final.

Estaba aquel único problema que tenía y no quería solucionar… esa manía suya de escupir en tres-cuatro minutos máximo.

Cuatro.

De reloj.

Por eso la llamaba 3-4.

Era bien formada y proporcionada pero con un problema.

Tanto era el tema que su dueño se empeñaba en no verlo, y todos sabemos que no hay peor ciego que el que cierra los ojos ante la evidencia.

Y la suya era que la eyaculación precoz la pagaba con ella, no era un problema suyo sino de ella.

Después del hombre de la velocidad conoció otra polla digna de mención.

Lo llamaba once.

Once era un hombre muy morboso, que gustaba de los placeres de los juegos previos, pero cómo ya habrás imaginado si al anterior le faltó tiempo a este le faltaban centímetros y con el paso del tiempo se percató que tanto jugar era una estrategia para que no se diera cuenta de que su tensión era una cuestión de tres embistes, tres, uno… dos… tres… y ya se había ido porque apenas se daba cuenta de que estaba allí.

Tenía una, por lo visto extraña, habilidad para constreñir sus músculos vaginales a demanda no únicamente en pleno climax y eso hace que sea más notoria la tensión del miembro.

Es una técnica que las madres enseñan a las hijas en la India y en algún libro había visto que lo llaman cassenoisetíe palabra francesa que describe la facultad natural de algunas mujeres para contraer su vagina y dar así más placer, huelga decir que su madre no era de la India. Así que imaginó que será una cosa suya natural.

Desde luego es algo que ha hecho que me recuerden todos los contendientes que han librado batallas de cama conmigo.

Antes y después de 3-4 y de 11 cuyas morfologías eran muy singulareshubo otras pollas.

Una vez se vio obligada a acostarse con su mejor amigo y no salió mal aquella experiencia salvo porque él casi tenía un clítoris grande más que un micro pene.

También había estado con la polla seta cuyo capullo hace que la penetración sea un tanto rara y a la vez placentera, hasta que su portador le hablaba de pasar a mayores y ella pensaba si aquella cosa dolería al entrar… ¿cómo sería entrando y saliendo?

Incluso había estado con el mito.

Lo que en su generación, entre sus amigas era una gran fantasía sexual, el chico de color o el mulato. Y hay que decir que todo lo que se dice es cierto.

Además hay que agregar una polla más al bestiario, la llamó Harlem, era una polla cuya particularidad era estar torcida a la derecha, si, su dueño era diestro y solía masturbarse una media de cuatro veces al día, y esa era la única razón de que estuviera significativamente desviada, vamos casi cuarenta y cinco grados de nada a la derecha.

A Harlem lo conocía todo el barrio y a su picha también, era un hombre que destacaba por ser cordial y jocoso que provocaba risas y carcajadas, pero no sabía él que según entraba en muchos bares del barrio la gente decía ¡¡Harlem!! Y todos al unísono con aire marcial se ponían firmes y giraban sus espaldas a la derecha un poco.

Hubo muchas, muchísimas más pollas, pichas, vergas, pililas (siempre le dio risa esa palabra), miembros, penes, bálanos

Y por último está él.

El protagonista de esta historia.

Dick. (Dick significa polla en inglés)

Su polla era larga, muy muy larga, tanto como para no caberle en un vaso de tubo, pero además era tan ancha como para no entrar en dicho tubo salvo la punta, porque era una polla obelisco.

Fino el capullo ancho del medio y fina la base.

Ya te imaginas para qué es muy apta este tipo de polla y él ya lo sabía.

Ella tras muchos encuentros sexuales había pedido a su diosa

Las lágrimas de una traición

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Tras aquella comida en la que me traicionó el inconsciente subconsciente o el subconsciente inconsciente seguimos viéndonos y conociéndonos como todas las parejas que inician una relación.

Poco a poco y con mucha ilusión.

Me iba contando miles de datos de su vida que yo iba guardando en mi memoria con mucha ternura pues me parecían anécdotas muy curiosas y sensibles.

Cada vez que podíamos nos veíamos aunque fueran diez minutos frente a un café o a la hora del aperitivo para compartir un roce de nuestras manos y unos besos, un tocarnos por encima de la ropa que pareciera sin intención aunque fuera con toda ella pues me gustaba ver cómo su cuerpo reaccionaba y creo que él no se perdía ni una de mis reacciones.

Le gustaba especialmente ponerme colorada como a una chiquilla que se sonroja ante un piropo, y le encantaba ver cómo se me erizaba la piel cuando deslizaba los dedos rozándome delicadamente en según qué zonas y no necesariamente zonas sexuales, ni erógenas, zonas de mi cuerpo que son muy sensibles y más lo eran a su tacto, porque algo tenía él que me hacía vibrar como jamás antes había vibrado.

Debía rondar el primer mes cuando sabiendo mis rutinas se presentó con alguien de su entorno sin previo aviso y me dejó congelada, pues yo sabía que esa persona existía pero no era el momento, ni el lugar para tener contacto con esa persona.

Al no haber sido previsto para ambas partes la reacción fue lo peor que él pudo haber pensado, esa persona se comportó como una niña mimada y consentida, de forma grosera, se negó a tratar conmigo y exigió marcharse inmediatamente, yo por mi parte intenté ser lo más cordial que pude, educada y respetar que esa persona estaba envuelta en una nube de sorpresa tan grande como la mía.

Me sentía traicionada.

Me pareció que me la había jugado.

Estaba enamorada hasta las trancas de un tipo que no había contado conmigo para presentarme a una persona que yo entendía que era alguien muy importante en su vida. La persona más importante que alguien pueda tener.

Tuve que irme tan pronto como salieron del sitio al que vino a buscarme y buscar el borde del mar, el sonido de las olas para tranquilizarme, ver, sentir, estar metida en una situación tan violenta y comprometida en la que distintas amistades se percataron de la actuación de él y de quien le acompañaba me hizo estar tan incomoda que tardé varios días en poder volver al mismo sitio a tomar algo.

Los lógicos comentarios y hacer frente a las preguntas no era plato de buen gusto.

Cuando lloro se me nota y él me lo notó enseguida que estando mirando al mar había estado llorando y me preguntó el motivo después de dejar a esa persona porque regresó y preguntó por mí y le dijeron dónde había ido.

No podía imaginarse que presentarme a su hija había tenido tanta repercusión y que la actitud de ella me había afectado tantísimo ya que yo había perdido a mi hijo recientemente y no se llevaban mucho tiempo.

Reconoció que había sido algo que debía haberme consultado y que había sido impulsivo.

Sin embargo no pidió disculpas, más adelante descubriría que no era algo que hiciera.

Todos los personajes descritos en este blog son ficticios.
La historia aquí relatada no obedece a ningún suceso real y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia pues pertenecen a la invención de la autora del blog.

MI PRIMER “TE QUIERO”

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MI PRIMER “TE QUIERO”

Las cosas eran como son siempre al principio, fáciles. Salvo ciertas excepciones o en algunos temas fuera del que nos ocupa.

En nuestro caso era fácil porque había mucha ilusión, no había problemas, ni precedentes, nos desconocíamos mutuamente, la confianza estaba intacta y un montón de cosas más.

Todos los principios en éstas cosas suelen ser fáciles, puesto que no vemos lo pesadas que son las mochilas del otro. No vemos los defectos del otro, si es que los tiene, porque durante un periodo más o menos largo vemos a la persona elegida como perfecta, no nos pesan las cosas que pueda hacer mal, ni vemos sus cosas malas ni las de su entorno, como si somos presuntuosos no veremos los nuestros.

Nuestras primeras semanas fueron muy tiernas y dulces, apasionadas y de irnos descubriendo poco a poco y a la vez muy deprisa, como todas las parejas de nuestra edad que ya han pasado por la experiencia de estar casados, pues ya no era una relación de esas de los quince años, ni los veinte.

Nos veíamos cuándo podíamos, todo el tiempo que nuestros quehaceres nos lo permitían y dónde se podía.

Un día de fin de semana surgió que él viniera a comer a mi casa, yo tenía unas ganas locas de que viniera y que conociera mi pequeño paraíso, mi lugar sagrado, mi hogar.

Incluso hice algunas compras para que en mi casa todo le pareciera más atractivo y hogareño, más bonito, o eso creía yo. Invertí tanto como pude en que aquella primera impresión fuera buena, pues no tienes una segunda oportunidad de causar una primera impresión.

Mientras cocinaba se ofreció a ayudar con detalles de la preparación y eso me satisfizo mucho, incluso se interesó por mi ordenador que estaba en un pequeño apartado del salón y me estaba dando algunos problemas.

Compré lo que estaba a mi alcance economicamente para ofrecerle un buen menú, y de lo nerviosa que estaba le eché sal tres veces, aún así él se lo comió sin rechistar cuando por fin atiné a poner las viandas en la mesa, asumo que más por quedar bien que por que estuviera bueno aunque por dentro pensara lo que fuera.

Lo encendió y me preguntó cuál era la clave de acceso se la dije e intentó teclearla varias veces pero la debía poner mal y no conseguía desbloquearlo.

Era un chico bromista y con un humor sencillo, mientras que el mío es humor negro, británico y socarrón que en muchas ocasiones me ha traído problemas me dijo que el ordenador no le quería

Me acerqué observándole y a cada paso le veía más impresionante, más guapo, y le dije que yo sí le quería, en ese momento me quedé clavada en medio de mi salón, bloqueada, sin saber si seguir avanzando hacia ese hombre perfecto para mí o retroceder y esconderme entre los fogones, le miré de frente, básicamente porque no sé hacer otra cosa y me hundí en su mirada clara que supo que había desnudado mi alma en aquella frase casual, “yo sí te quiero”, joder qué imbécil decía mi pequeño yo en todo mi ser, y opté por hacer ambas cosas, avancé hasta él para teclear la clave maldita del ordenador culpable de mi confesión y corrí a refugiarme entre los fogones donde supuestamente no debía verme.

Pero era tarde.

Su sonrisa delató que me había pillado y se acercó hasta los fogones, a la caza de la presa huida y cazada, me agarró por detrás y me besó el cuello.

Fingimos una comida no salada educadamente para subir a la habitación de matrimonio para dar rienda suelta a nuestra segunda vez, un poco menos torpe, un poco más ágil, más ávida, con más entrega y muchos más sentimientos, al menos por mi parte.

No sé si los tamaños van por barrios pero yo no había visto muchas vergas de ése porte, y estaba encantada de tenerla, de hecho había pedido una así al universo y que no se cansara, que tuviera tensión, que él supiera usarla y que durase y allí estaba…

Y para colmo detrás estaba aquel tipo. Simplemente precioso, guapo, especial, con aquellos ojos, y ese culazo, era perfecto.

Era muy brusco, nadie me había mordido así, nadie me había succionado con tanta fuerza haciendo que la delgada línea entre el placer y el dolor se desdibujara hasta convertirse en casi invisible entre la bruma de los orgasmos.

Nadie me había abierto en canal como ese hombre mientras me sonreía dispárandome al corazón con esos ojos claros que me desarmaban.

La primera vez

La primera vez

LA PRIMERA VEZ

Nuestra vida sexual no era nada casual.

Casual fue la forma de conocernos, pues nos montaron una cita a ciegas y al primer vistazo nos gustamos. Quedamos en un sitio muy conocido y me gastó una broma por la espalda.

Yo siempre fui una tía muy segura de mi misma, pero la seguridad se la llevó alguien que se encargó de decirme que era fea y que mi cuerpo lo era más aún.

Sin embargo su gusto por las mujeres con tallas grandes era justo lo que yo era. Y mi gusto por su aspecto físico era lo que él era.

Tras unas cuantas citas llegó el día en que me puse mi mejores galas para que él me las quitara, si bien las dudas me revolvían como una saca llena de gusanos se revuelven en la cesta del pescador, allí yo estaba dispuesta a seguir adelante con aquel tío que me parecía imponente, guapo, alto, y con un culo como no había visto otro en mi vida, eso no lo dejaba yo pasar por más gusanos que pescadores tuvieran en el mundo entero y todos mis complejos se podían ir al pedo.

Realmente del polvo hoy no me acuerdo. Recuerdo detalles, que fue bruto, pero delicado, brusco, pero suave. Recuerdo los nervios. Así que si yo estaba nerviosa he de suponer que él lo estaría también. Recuerdo pararle en seco y decirle algo sobre mis cicatrices y él sonreír. Recuerdo ver cómo se duchaba después y pensar que jamás en mi vida había visto a nadie ser tan pulcro con su cuerpo.

Recuerdo cómo me perdí en los detalles de aquel cuerpo perfecto, tomando nota mental de sus muslos perfectos, anotando dónde tenía cada lunar, esa barriguita que tenía los abdominales escondidos y no llegaba a ser panza, esos hombros, sus manos que me gustaron desde el momento de su primera broma, los detalles son los que nos pierden a todos en general y mientras me contaba no sé qué historias sobre su casa yo no paraba de mirar aquel cuerpo esplendido sin olvidar asentir de vez en cuando, para que creyera que le estaba escuchando, pero pensando, y esperando que no notara que de hito en hito miraba aquel pene.

Y es que nunca había visto un pene como ese.

Y creedme, he visto muchos, pero que muchos penes, no diez, ni cien, ni doscientos. Quizá, y sólo quizá algunos más. Soy de ese tipo de mujer que ha cumplido todas sus fantasías, y he sido de ese tipo de chica que donde ha puesto el ojo ha puesto el clítoris.

El caso es que después de la ducha se secó, y observé sentada en el baño horriblemente decorado cómo se vestía, me acompañó a coger mi coche y me fui a mi casa, a dormir con ese tipo que por aquel entonces compartía mi casa y desgraciadamente mi cama, que no mi vida.

Antes de apagar la luz de la mesilla le dije que tenía dos días para salir de mi casa y de mi vida, creo que la sonrisa con la que entré por casa le bastó a modo de explicación.

Todos los relatos

 Todos los relatos que leas aquí son producto de la imaginación de la autora.

Cualquier parecido con la realidad es mera casualidad.

Ningún relato es autobiográfico, ni del entorno de la autora.

Simplemente son historias que me gusta escribir y espero que os gusten leer.

Así mismo espero el máximo respeto por parte de cada lector y lectora, ya que cada letra, cada palabra, cada frase y cada párrafo han sido escritos, pensando en que gusten y atraigan.

Son tiempo de mi tiempo. Trabajo.

Y eso, guste o no, merece respeto.

Espero que os guste y sino espero respeto, nadie os obliga a leerme.

En cualquier caso bienvenida y bienvenido.

Caminemos juntos por la aventura de viajar entre las líneas.