Las lágrimas de una traición

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Tras aquella comida en la que me traicionó el inconsciente subconsciente o el subconsciente inconsciente seguimos viéndonos y conociéndonos como todas las parejas que inician una relación.

Poco a poco y con mucha ilusión.

Me iba contando miles de datos de su vida que yo iba guardando en mi memoria con mucha ternura pues me parecían anécdotas muy curiosas y sensibles.

Cada vez que podíamos nos veíamos aunque fueran diez minutos frente a un café o a la hora del aperitivo para compartir un roce de nuestras manos y unos besos, un tocarnos por encima de la ropa que pareciera sin intención aunque fuera con toda ella pues me gustaba ver cómo su cuerpo reaccionaba y creo que él no se perdía ni una de mis reacciones.

Le gustaba especialmente ponerme colorada como a una chiquilla que se sonroja ante un piropo, y le encantaba ver cómo se me erizaba la piel cuando deslizaba los dedos rozándome delicadamente en según qué zonas y no necesariamente zonas sexuales, ni erógenas, zonas de mi cuerpo que son muy sensibles y más lo eran a su tacto, porque algo tenía él que me hacía vibrar como jamás antes había vibrado.

Debía rondar el primer mes cuando sabiendo mis rutinas se presentó con alguien de su entorno sin previo aviso y me dejó congelada, pues yo sabía que esa persona existía pero no era el momento, ni el lugar para tener contacto con esa persona.

Al no haber sido previsto para ambas partes la reacción fue lo peor que él pudo haber pensado, esa persona se comportó como una niña mimada y consentida, de forma grosera, se negó a tratar conmigo y exigió marcharse inmediatamente, yo por mi parte intenté ser lo más cordial que pude, educada y respetar que esa persona estaba envuelta en una nube de sorpresa tan grande como la mía.

Me sentía traicionada.

Me pareció que me la había jugado.

Estaba enamorada hasta las trancas de un tipo que no había contado conmigo para presentarme a una persona que yo entendía que era alguien muy importante en su vida. La persona más importante que alguien pueda tener.

Tuve que irme tan pronto como salieron del sitio al que vino a buscarme y buscar el borde del mar, el sonido de las olas para tranquilizarme, ver, sentir, estar metida en una situación tan violenta y comprometida en la que distintas amistades se percataron de la actuación de él y de quien le acompañaba me hizo estar tan incomoda que tardé varios días en poder volver al mismo sitio a tomar algo.

Los lógicos comentarios y hacer frente a las preguntas no era plato de buen gusto.

Cuando lloro se me nota y él me lo notó enseguida que estando mirando al mar había estado llorando y me preguntó el motivo después de dejar a esa persona porque regresó y preguntó por mí y le dijeron dónde había ido.

No podía imaginarse que presentarme a su hija había tenido tanta repercusión y que la actitud de ella me había afectado tantísimo ya que yo había perdido a mi hijo recientemente y no se llevaban mucho tiempo.

Reconoció que había sido algo que debía haberme consultado y que había sido impulsivo.

Sin embargo no pidió disculpas, más adelante descubriría que no era algo que hiciera.

Todos los personajes descritos en este blog son ficticios.
La historia aquí relatada no obedece a ningún suceso real y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia pues pertenecen a la invención de la autora del blog.

 

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15 comentarios en “Las lágrimas de una traición

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