Solía decir que quedaba conmigo aunque fuera diez minutos y así era.
Nos veíamos un rato entre nuestras cosas cotidianas que hacer, bueno las mías, porque él no trabajaba.
Esos pequeños detalles fueron los que me enamoraron además del cuerpo y de los ojazos y ese otro gran detalle que ocultaban los pantalones.
Un capuchino, un vino, un cava, un té, miradas cómplices y sonrisas compartidas nos iban acercando.
Momentos inolvidables.
Los personajes y caracteres aquí descritos son producto de la imaginación del autor, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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